Lo que comenzó como una comida normal y corriente entre mi marido y un amigo derivó en algo extraño cuando ya llevaba tres o cuatro copas de vino.

Mi marido había traído al amigo no para invitarlo a cenar, si no para emborracharme y que cumpliera una de sus fantasías sexuales que no esperaba que realizara nunca, mirar como me follaban el coño mientras el solo se masturbaba.

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